El secado es uno de los métodos críticos para prevenir que los materiales se estropeen o deterioren. Las técnicas de secado tradicionales incluyen el secado al sol, el secado por ebullición, el secado por aire caliente, el secado por pulverización y el secado al vacío, entre otros. Estos métodos generalmente operan a temperaturas superiores a 0℃ o incluso más altas. Sin embargo, los materiales secados mediante estos métodos a menudo sufren problemas como la contracción del volumen, el endurecimiento de la textura, la oxidación parcial de los componentes y la pérdida de nutrientes.
Las sustancias sensibles al calor, como las proteínas y las vitaminas, pueden sufrir desnaturalización, y la actividad microbiana puede perderse. La solubilidad del producto seco en agua tiende a ser baja, y sus propiedades físicas y químicas difieren significativamente de las anteriores al secado.
En contraste, los secadores por congelación exhiben ventajas distintas. La liofilización ocurre principalmente a temperaturas por debajo de 0℃, donde el secado tiene lugar mientras el material está completamente congelado. El proceso implica primero congelar el material que contiene agua y luego sublimar los cristales de hielo directamente en vapor de agua bajo condiciones de vacío. Dado que la estructura del material está fija durante el proceso de congelación, mantiene su apariencia y estado originales después de la sublimación. El producto seco mantiene casi el mismo volumen, presentando una textura porosa y suelta.
Este método asegura que las propiedades del material se conserven de manera más efectiva en comparación con las técnicas de secado tradicionales.